El Limbo que nunca existió
Durante la Edad Media, en el Concilio de Cartago (año 418) se decretó la existencia del Limbo, aunque bien es cierto que nunca llegó a ser considerado como dogma de fe. El pasado mes de diciembre, sin embargo, el actual Papa Benedicto XVI confirma que el Limbo no existe.
Sin embargo, al Limbo -palabra que significa borde o frontera según su etimología latina- no se le puede negar el sitio que ha ocupado en la Historia y la Literatura.PAPAS, SANTOS Y POETASTambién el Purgatorio, que describe a continuación de su regreso de los Infiernos, tiene nueve terrazas superpuestas donde se van depurando, entre otros, los pecados capitales, y tras el Purgatorio se accede al Paraíso, donde le espera su amada para guiarle en el recorrido. El Paraíso, asimismo tiene nueve regiones a las que llama cielos, estando cada cielo (al menos los siete primeros) representado por un planeta; Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno, que eran los únicos planetas conocidos hasta entonces. Dante llamó a los dos últimos cielos, cielo estrellado y cielo cristalino. LAS LEYES DEL CONOCIMIENTO HERMÉTICOTodos los misterios parecen encontrar explicación en estas leyes y el enigma del cielo e infierno, así como el de la vida y la muerte también tienen cabida en ellas. Buscando esta explicación encontramos, al menos parte de ella, en el cuarto de estos principios, el de Polaridad, que dice así:Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza pero diferentes en grado; los extremos se tocan.El día y la noche, el blanco y el negro, la luz y la oscuridad, el frío y el calor, el bien y el mal, la vida y la muerte, son sólo algunos de los muchos pares de opuestos que forman parte de la existencia y la naturaleza. Y, a menudo, siendo opuestos, se les suele considerar contrarios sin más, aunque en realidad, tal como indica el Principio de Polaridad son lo mismo. Por ejemplo, el frío y el calor, forman los dos extremos de un mismo eje, pero si nos situamos en el frío y empezamos a avanzar hacia el calor, llegará un momento en que el grado de temperatura sea tan homogéneo y templado que no se sabrá si estamos más cerca del frío o más cerca del calor. Su naturaleza es la misma y sólo el grado de intensidad marca la diferencia que notamos entre ellos. Con el blanco, la luz y el día, frente al negro, la oscuridad y la noche pasa lo mismo, e igual sucede en conceptos más complejos como el bien y el mal o el amor y el odio, en apariencia tan diferentes y en esencia iguales, siendo únicamente el grado de intensidad emocional el que, dando bandazos de un extremo a otro, los hace distintos. Pero, volviendo al concepto del Limbo, en este flujo de continua conexión entre polos contrarios no parece haber ningún lugar para ubicarlo, ya que su papel era el de retener sin sufrimiento, pero también sin gloria, a las almas de los justos e inocentes que no fueron bautizados. Y en la fluidez de los ejes de opuestos no puede existir retención alguna, ni siquiera los que eligen la mediocridad pueden quedar retenidos en ella siempre.ALGO MÁS SOBRE EL KYBALIONOtra de las siete leyes del Kybalion -la segunda-, conocida también como Principio de Correspondencia dice: Como arriba es abajo; como abajo es arriba.La Ley de Correspondencia es aplicable en todos los órdenes de la vida, por lo que el concepto de cielo e infierno, al igual que se considera algo global y externo para el ser humano, también habría que considerarlo como algo particular e interno, es decir, que cada persona tendría su propio cielo e infierno interior, un cielo que le aportaría felicidad, autoestima y recompensas, y un infierno en el que buscaría el castigo (autocastigo) para paliar sus sentimientos de culpa, donde quedaría prisionera de sus obsesiones y perdería la seguridad en sus valores.Cada uno de los siete Principios del Kybalion interactúa con los seis restantes y todos se complementan. Si hasta ahora hemos encontrado en el principio de Polaridad, la idea de que cielo e infierno son parte de una misma naturaleza, y aplicando el principio de Correspondencia, vemos que también están en la infinita escala de estructuras que todo lo abarca. Otro principio -el sexto- conocido como la ley de Causa y Efecto, que dice:Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa.La intensidad con que cada persona experimenta su particular cielo o infierno, abocada a circunstancias y condiciones de su vida, no es capricho de una suerte injusta, ajena y arbitraria, si no de la ?suerte? que cada cual ha sembrado con anterioridad. Cada semilla contiene un posible y futuro fruto. Los actos, deseos y pensamientos son, asimismo, semillas que se van plantando, las habrá mejores o peores, unas caerán, como relata la Parábola del Sembrador, en terreno fértil, otras caerán en terreno pedregoso y algunas se las llevar? el viento, pero el particular fruto que contienen, tarde o temprano, ya sea jugoso, maduro o seco (oportunidades pérdidas) llegará a manos de quien lo sembró. Siembra en tu camino lo mejor y confía en tu suerte.
María Jesús Palmer